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Testimonio de un desertor: “La diferencia entre Corea del Sur y del Norte es la diferencia entre el cielo y el infierno”

A pesar de que el alojamiento de Ji Seong Ho en Seúl es muy modesto, sigue estando a un abismo de distancia de la vida que durante 29 años tuvo en Corea del Norte. Hasta que consiguió huir entre la oscuridad.

El norcoreano Yoon Tae-young (d) saluda a su hermano surcoreano Sang-in (i) antes de despedirse durante el último día de reuniones familiares en el Monte Kumgang (Corea del Norte) el 1 de noviembre de 2010. EFE/Archivo

En la casa de Ji Seong Ho únicamente hay espacio para sus libros de texto, un poco de ropa y un colchón. Comparte un cuarto de baño y la ducha con los vecinos, y su único utensilio de cocina es una olla para cocer arroz.

A pesar de que su estrecho alojamiento en el centro de Seúl es modesto, sigue estando a un abismo de distancia de la vida que durante 29 años tuvo en Corea del Norte hasta que huyó en 2006 al amparo de la oscuridad.

Seis meses después, tras un viaje de 6.000 millas (9.656 km) que le llevó a través de China, Tailandia, Laos y Taiwán, culminó el peligroso viaje que muchos de sus compatriotas intentan, sólo para morir en el camino o para caer en manos de las poco comprensivas autoridades chinas.

Sin embargo, cada vez más y más norcoreanos están dispuestos a asumir riesgos, cuando huyen del hambre y la opresión en busca de una nueva vida en Corea del Sur, donde su nueva libertad se ve empañada por la discriminación, los problemas de salud mental y las dificultades financieras.

En torno al 12%, la tasa de desempleo entre los desertores es mucho más alta que la del 3,4% de los surcoreanos.

Las personas que trabajan ganan mucho menos que sus homólogos del Sur, a pesar de los subsidios del Gobierno y de tres meses de formación de reasentamiento obligatoria, según la Fundación de Refugiados Norcoreanos afiliada  al Gobierno.

Aun así, una encuesta reciente del Gobierno reveló que siete de cada 10 adultos desertores están satisfechos con la vida en el Sur, y sólo un 4,8 por ciento manifestó que estaba insatisfecho o muy insatisfecho, según la encuesta del Ministerio de Unificación.

Alrededor de la mitad de los encuestados dejó el Norte debido a la escasez de alimentos, mientras que el 31 por ciento dijo que llegó al Sur en busca de libertad.

Un poco más de un cuarto huyó debido al sistema político de Corea del Norte.

Ellos están entre los más de 23.000 norcoreanos que han desertado hacia el sur desde que terminó la Guerra de Corea en una tregua – no en un acuerdo de paz – en 1953.

El goteo de desertores a lo largo de la década de 1990 aumentó drásticamente hace unos 10 años, el resultado de una hambruna prolongada en la que podrían haber muerto más de 1 millón de personas.

El año pasado, 2.737 personas -una de las cifras más altas que se registran – desertó al Sur.

Seong Ho es casi seguro que hubiese muerto atravesando el congelado el río Tumen, que separa Corea del Norte y el noreste de China, si no hubiera sido por su hermano menor, Ji Cheol Ho.

El mayor Ji tenía la mayor parte de su pierna izquierda y su mano izquierda amputada después de haberse visto involucrado en un accidente de coche cuando era adolescente.

Utilizando una prótesis suministrada por las autoridades sanitarias de Corea del Sur, ahora camina con una cojera apenas perceptible.

Pero recorrió el caminó hacia su libertad con un conjunto de muletas de madera hechas por su padre. “El río estaba muy alto, ya que había llovido mucho”, dice Seong Ho de la noche en la que él y su hermano, de 26 años, sobornaron a los guardias fronterizos de Corea del Norte con el dinero enviado en secreto por su madre, que había desertado al Sur en 2005.

“La corriente era fuerte, pero sabíamos que corríamos el riesgo de ser asesinados si nos quedábamos  donde estábamos. Nuestra única opción era saltar al río. Tuve que nadar con mi pierna buena y mis muletas. En un momento dado empecé a hundirme y pensé que iba a morir, pero mi hermano me ayudó a cruzar al otro lado”, cuenta.

La pareja se separó en China, para evitar levantar sospechas, acordando que ingerirían el veneno que llevaban si resultaban capturados.

Aunque parezca increíble, con la ayuda de agentes, grupos religiosos y una gran porción de suerte, sobrevivieron al largo viaje por tierra y mar. Cuando volvieron a encontrarse estaban en Seúl – libres, en una sola pieza, y se reencontraron con su madre.

Su afán de libertad fácilmente podría haber terminado en China, donde las autoridades están adoptando una línea cada vez más dura contra los desertores.

La semana pasada, el parlamento de Corea del Sur condenó a las autoridades de China cuando se supo que se había repatriado a la fuerza a más de 30 desertores capturados a lo largo de la frontera.

Pero su alegría por su llegada a Seúl se vio atenuada por el descubrimiento de que su padre había muerto después de hacer un intento fallido de desertar.

“Murió una semana antes de que yo consiguiera llamar a casa”, dice Seong Ho. “Esperaba que contactásemos con él pero después de meses sin recibir noticias nuestras decidió intentar cruzar la frontera. Fue arrestado y torturado y le preguntaron repetidamente donde estaban sus hijos. Murió tres días después de su liberación.

Un vecino encontró su cuerpo y organizó un funeral en su memoria”, lamenta.

Cada desertor que llega a Corea del Sur trae consigo una singular historia de por qué y cómo dejaron el Norte. Sin embargo, todos ellos están unidos por la creencia de que la próspera vida en el Sur compensará el dolor de la separación de sus seres queridos y los riesgos que corrieron para llegar hasta aquí.

Dadas estas altas expectativas, es inevitable, dice Seong Ho, que algunos se encuentran marginados y desilusionados en su nuevo hogar.

“Somos una minoría en Corea del Sur, e inevitablemente, significa que hay problemas. Los estudiantes de Corea del Norte se enfrentan a la discriminación, sobre todo debido a su acento, por lo que muchos desertores nunca consiguen acostumbrarse a su nuevo entorno. Se trata de tener la determinación para tener éxito”, dice.

Para su hermano Cheol Ho, el simple placer del estudio independiente se encuentra en marcado contraste con la vida totalmente reglamentada que tenía antes “A menos que tu familia sea parte de la élite de Corea del Norte, tú tienes asignado un trabajo en un lugar específico durante toda tu vida, te guste o no”, dice.

“La diferencia entre el Sur y Corea del Norte es como la diferencia entre el cielo y el infierno”.

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